viernes, 19 de julio de 2013

SOY LA MITAD DE HOMBRE DE LO QUE SOLIA SER

Lo que hace uno por amor, lo que sacrifica uno por la familia. Hace un mes, yo sacrifique mis bolas y por eso hoy día soy la mitad de hombre de lo que solía ser. Todo empezó con el segundo embarazo de mi novia. Con ella, esto de gestar no es cuestión de mal humor, ni de dolores de cabeza, ni de antojos por chocolate o alfajores a la medianoche. En mi novia la presencia de un ente extraño en su barriguita se manifestaba a través de brutales episodios de tos que empezaban cuando era hora de dormir y terminaban cuando era hora de despertar. La típica noche la agarraba en cama y cuando trataba de conciliar el sueño, un toser seco la levantaba de un porraso y la obligaba a salir corriendo al baño. Ahí se inclinaba sobre el inodoro y se iba de arcadas que casi nunca terminaban en vomito.

La primera noche asumimos que la cena le había caído mal, la noche siguiente los mismos síntomas comenzaron a parecernos demasiada coincidencia y la tercera me miro a los ojos y me pregunto seriamente, ‘no habrás hecho alguna estupidez, ¿no?’  Yo, semental de tiro fijo, lotario satisfecho y jubilado, cacherito de gran intuición y de timing suizo, sonreí como complice en mi complot de uno y mentí, ‘Nooo, nicagando.' Fue así como nos dimos cuenta de que estaba embarazada. 

Fueron ocho meses atroces para los dos. Por las noches yo no podía pegar el ojo con tanta bulla y el poco de culpa que me pesaba en la conciencia me martillaba el sueño así que enterraba mi cabeza bajo la almohada intentando ahogar sus ruidos y mi remordimiento y ella que merodeaba la casa como un alma en pena, tosía seco y expectoraba aire que en algunas ocasiones la llevaron a escupir gargajos de sangre. Una noche de una tos inusualmente brutal le pregunte como quien pregunta algo sin importancia, ‘¿Crees que deberíamos de terminar este embarazo?’ Ahora suena gracioso pero entonces parecía una tragedia. Ella me dijo, ‘no, no culpes a mi bebe, culpame a mi’, mientras se le salían las lágrimas, se le reventaban los vasos sanguíneos en el ojo izquierdo y yo en mi mente la comparaba con héroes de historia que habían sacrificado su vida por un par de metros de territorio en los que no crece ni un cactus. 

Acudimos a una obstetra después de una semana del primer test casero. Esta nos confirmo el embarazo, nos aseguro que a pesar de estos brutales síntomas el feto estaba sano y protegido y sugirió con total desfachatez que como ya no estabamos en nuestros 20’s, yo sacrifique mi virilidad. En ese momento me miro, me guiño el ojo izquierdo y con el dedo medio y el índice hizo la señal de la tijerita. Yo no dije nada, pero me cojí los huevos solapa y pensé, ‘no se preocupen primos, les juro que nada ni nadie podrá separarnos.’

Lo mas natural hubiera sido rechazar esa propuesta. De hecho todo macho con el que comente la decisión de hacerme una vasectomia no dudo en recomendarme lo contrario. Hasta mi padre me hizo un gesto como de asco cuando le comente que planeaba esterilizarme. Pero yo lo veía como necesario, este embarazo había puesto a mi novia en un estado deplorable y no me cabían dudas que uno mas podría matarla. Además, mientras mas avanzado estaba el embarazo mas se complicaba la cosa, ella ya no esperaba las noches para descansar del día, sino que esperaba el día para que se le terminen los tosidos y poder dormir un poco, pero con el paso del tiempo otros síntomas que le arruinaban el resto del día comenzaron a manifestarse; estornudos como los que provocan las alergias, tobillos inflamados que no le dejaban ponerse zapatos, dolores de espalda que la postraban en la cama y las típicas nauseas antes y después de cada comida. No cabía dudas, había que tomar cartas en el asunto.

Mi primera cita con el urólogo fue bastante normal, o tan normal como puede ser una cita con el urologo. Esperé en una habitación bastante estéril y luego entro un muchacho con acento cubano que parecía tener cinco años menos que yo. Luego de preguntarme el nombre, la edad y otras cosas me dijo que me bajara el pantalón y que le mostrara la verga. Luego se puso guantes y comenzó a inspeccionarla con el detenimiento de quien investiga un insecto hasta entonces desconocido. El urologo me dijo que todo estaba perfecto, que el día de la cirugía me mantenga en ayunas, que las posibilidades de exito de la cirugía eran de 90% y que las probadilidades de exito de revertir la vasectomia, en caso de arrepentimiento, eran de 25%. Le pregunte si despues de la vasectomia los orgasmos seguían siendo los mismos, si el placer disminuia y me aseguro que no, que nada cambaría, que lo único diferente seria que mi semen se convertiría en una suerte de placebo. Entonces pensé, ‘sere la mitad de hombre de lo que soy hoy día.’

La cita para la vasectomia fue una semana después. Cuando me llamaron a la sala de operaciones una enfermera algo gordita, de senos que le colgaban hasta la cintura y de por lo menos 55 años me pregunto si me había afeitado los huevos. Le dije que no y me dio una mirada que parecía decirme, '¿tu eres huevón o te haces?'. Entonces me pregunto con una sonrisa de complice, '¿quieres afeitarte o quieres que yo te afeite?.' Le dije que prefería hacerlo yo y la enfermera se excuso por no tener espuma de afeitar y me alcanzo una razuradora descartable de plástico. 

Trate de suavizar la afeitada con un poco de jabón pero no funciono y cuando termine tenia por lo menos cinco cortes sangrantes en ambos testículos. Intente detener el sangrado con agua y presionando cada herida con trozos de papel higiénico pero no tuve éxito. Minutos después la enfermera le resto importancia al caos en mis huevos, me dio una de esas túnicas plásticas de operación y me indico que me desvistiera y me echara en una camilla. Entonces llego el doctor acompañado de un colega, me pidió permiso para que este estuviera presente durante la cirugía y quizás hasta le de una manito. Le pregunte si me iba a doler y me dijo que no, que aplicarían anestesia local y que en el peor de los casos sentiria una pequeña molestia y que todo estaría terminado en 15 minutos máximo. 

La vasectomía es una operación bastante simple; se hacen cortes en ambos testículos, se seccionan los conductores deferentes en la eyaculación y se coce el corte. Eso es todo, sin dramas, ni complicaciones, no hay mucho embarre, o al menos así debe ser. 

Mi bola izquierda no tomo mucho tiempo. La anestesia se siente como un hincón en la piel y la jugarreta con el deferente se siente como un tirón que te están dando en las entrañas. Es extraño. No fue precisamente dolor lo que sentí, sino cierta incomodidad antes jamas conocida, alguien estaba jugueteando con una parte mía que jamas había sido tocada. 

Repentinamente, tras un biombo aparecieron un grupo de siete jovenes, tres mujeres y cuatro hombres, todos en la primera mitad de sus veintes. El doctor no pareció tan sorprendido como yo y me los presento casualmente como, 'una clase de medicina; Rob, Tom, John, Ben, Sabrina, Melissa y Carla'. Luego me pregunto si autorizaba su presencia en mi vasectomia. Siempre he tenido un problema diciendo que 'no' y esta vez no fue la excepción. 

Así que allí yacía yo, con los huevos abiertos y en frente mio dos doctores, una enfermera y siete jovenzuelos que murmuraban y se reían entre dientes. En ese momento me sentí como una rata de laboratorio, como un chimpanze en un experimento, indefenso y humillado, reducido a mi mínima expresión, en proceso de ser eliminado, mi raza estaría extinta, mi legado nulo. No ayudaba que las tres estudiantes de medicina estuvieran bastante buenas. 

Lo del huevo derecho fue otra cuestión. El procedimiento que debió de tomar quince minutos tomo casi 45. No se cual fue la complicacion pero imagino que el deferente derecho se estaba escondiendo porque los doctores jugaban con sus pinzas, cuchillos e hilos, empujaban, jalaban y tiraban para todos lados y no parecían terminar nada. De rato en rato la enfermera limpiaba la sangre que chorreaba de mis mandarinas y con tanto ajetreo la anestesia comenzaba a perder su efecto. Los dolores que sentí en esos momentos jamas los he sentido antes; imaginen que alguien les retuerza el testículo desde adentro, que un villano les apachurre las pepas, que alguien juegue con su cableado y les pinchen y jaloneen de todo; el testículo, la uretra y el escroto y que uno como es natural, no se pueda retorcer en el suelo y con las manos cubriendoles los huevos.

'Este es el maldito', me dijo el doctor orgulloso y con una sonrisa cachosa luego de los 45 minutos mas crueles de mi vida mientras me mostraba una venita morada que sostenía con pinzas. Le pregunte si me la podía guardar de amuleto y me dijo que no porque la tenían que analizar por cancer. La suturación fue bastante rápida y sin consecuencias.

Durante las siguientes 24 horas tuve los testículos adormecidos y cuando caminaba cierta incomodidad se manifestaba en pequeños hincones internos. Otros ratos sentía como si tuviera los huevos descolgados. Siguiendo instrucciones del doctor no hice ejercicio ni tuve relaciones sexuales por una semana. También me lave los testículos religiosamente tres veces al día y un par de veces limpie los puntos con alcohol. La primera noche en casa, echado mirando la tele y con una bolsa de hielo presionandome los huevos pensaba en que esta ya es otra fase de mi vida, un después del cual no hay regreso seguro. No podre procrear jamas, soy estéril, mi semen es finta y mis polvos son mentirosos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Una historia de cojones. Eres el puto amo, hablando de death metal o de tus huevos.

Gerhard

Anónimo dijo...

Ser esteril es una gran bendición, debiste haberlo hecho antes.

César Monterroso dijo...

Qué goooore.....

ChinoDavid dijo...

Totalmente de acuerdo con Gerhard "una historia de cojones" jaja grande!!! Ignacio por contar tu dolorosa historia de manera divertida

Rafael dijo...

estoy de acuerdo con gerhard jajajajaja, joder ignacio no hay nada mejor que leer tus post. Que gran mierda los síntomas que le dan a tu novia, suenan horribles, en mi caso si mi novia empezará a botar sangre por tanta tos me preocuparía un culo y me sentiría recontra culpable, aunque en mi caso siempre he pensado que por la misma preocupación de que le pase algo prefiero sacrificar mis huevos a que ella se opere por eso siempre he tenido en mente la idea de en un futuro ser yo el que se esterilice. Se como se siente que te revisen la verga y no es tan incomodo como se piensa pero aun así es... no es nada alegre, espero que para el día que me opere no tenga que estar 45 minutos encontrando el maldito conducto, en fin espero que tengas las verijas mejor y felicitaciones por el pequeño cambio del blog tu en verdad nunca fallas.

Zaratustra dijo...

Ha empezado bastante bien esto de expandir el blog, bastante interesante este post, y gran decisión que tomaste, más que osada yo diría que altruista decisión, y eso es bueno.

Ignacio Brown dijo...

Jojo! excelente que les haya gustado muchachos y para aquellos que preguntaron me alegra reporttarles que si, mis bolas ya estan mejor.