jueves, 19 de junio de 2014

VISITAS FUGACES (a Mi Patria Maldita y al Inodoro)

Esto es parte de un post que comencé a escribir hace mas de un año después de pasar cuatro días en Perú. Esta, como todo en este blog, muy basado en la realidad. No tengo imaginación, de eso no me cabe duda, y además esta sin completar...

Dicen que tu ciudad te hace lo que eres. A mi, por ejemplo, me ha hecho glotón y paranoico. 


Llevo aquí una semana y después de tres días de sudor y puje recién salgo de la indigestion mas brutal que he vivido. Todo empezó el sábado por la mañana con dos empanadas mixtas, una de lomo saltado, un tamal de chancho, medio sanguche de salchicha de Huacho, media porción de torta de manjarblanco con coco y se extendió a una reunión de almuerzo que mi padre nos había organizado y que se inauguro con dos chilcanos, ocho copas de vino tinto y un suculento seco de cabrito. Me salte el arroz blanco (bien graneado, si que le eche ojo), el aji de gallina y los tamales (recuerden que ya había comido tamales de desayuno) para no cancelar las cinco millas que había corrido esa mañana en un gimnasio local al cual mi suegra me filtro a punta de puteo a todos los que allí trabajan, pero no pude escapar la antesala, o 'tentenpie' como mi padre le dice; leche de tigre con pulpo mezclada con cancha serrana que fue servida en copitas de shot. Algo mas que no me pude saltar fueron las cebollas ácidas que generosamente serví encima del cabrito y que lubrique de rojo con una salsa de rocoto que me calentó la frente y me hizo sudar el cuero cabelludo.

A eso de las 5:30 de la tarde, con los viejos ya cansados y la mitad de ellos dormidos copa en mano y a media oración, enrumbé al departamento de mi madre y cerré la noche con medio pollo a la brasa y papas fritas, todo bien remojado en mayonesa y ají verde. Para calmar la calentura de aquel ají en pellejo que tanto me gusta me baje dos vodka tonics y como suelo hacer cuando me empilo, comencé a dar harengas sobre como Jesus no vale nada y bla, bla, bla, que si algún día he de claudicar en mi herejía optaría por ser budista porque los gordos me caen bien. Para entonces ya la cara la sentía caliente, mi tez parecía que tenia insolación y los ojos los tenia irritados, casi en sangre viva.

El Domingo por la mañana desperté telita, como si nada hubiese pasado y hasta con hambre. Justifique la falta de resaca con la alta calidad del licor que mi viejo sirve en sus reuniones y mi hambre con las calorías que había quemado durante las 5 millas que había corrido el día anterior y procedí a empezar el día de dios con uno de esos panes cóncavos y huecos que venden por diez céntimos en cada esquina. Llene dos de esos con palta y sal y me los embutí en tres mordiscos. El café con leche le quedo rico a mi suegra, aunque no tan rico como el que me había hecho el Viernes anterior. Se lo comente y me aseguro que fue por la leche de soya; eso fue una prueba mas de que todo lo sano sabe un poquito peor.

Como había visita que llego temprano, solo dos horas mas tarde se sirvió una suerte de pisco sour rosado que apenas entro encendió fuegos artificiales. Al parecer no habia cabida en mi sistema después de las dos Guaranas que me tome de pura nostalgia (no probaba esa gaseosa en 20 años) en un corto break entre el desayuno y el almuerzo. No se que  ingredientes iban allí pero entonces comence a sentir los malabares en mis órganos y luego de empujarme una causa de camarones (la cual volví a cubrir en una salsa de rocoto) y unos chicharrones del tamaño de mis puños me escuzé de la mesa y me retire a mi habitación, la cual, felizmente esta equipada con baño privado. Y digo felizmente porque lo que le hice a ese inodoro durante las siguientes 35 horas fue un abuso para el cual esa porcelana no fue diseñada. Entre gruesas postraciones a las delgadas tuberías capitalinas me tiraba en cama, mientras sentía que me subía y bajaba la fiebre. Por ratos se me erizaba la piel y se me erectaban los pelos del brazo, culo y pecho y el ventarrón mas leve parecía congelarme la epidermis. Entonces cuando los jugos gástricos pasaban por lava viva y mis órganos ardían, yo adoptaba una posición fetal y ponía cara de sufrido por los retorcijones que acometían a mi estomago.

Esa noche dormí de la verga, con la ventana abierta para controlar la calentura pero tapado para que no me coja una fugaz hipotermia. Y además de a pocos, pues las visitas al trono fueron frecuentes y fluidas y me levantaban violentamente del mal sueño. Y pongo énfasis en la palabra 'fluida'.

A medianoche recién considere las recomendaciones de mi esposa, hermana, mama, suegra y dos otras señoras que me habían visto sufrir en el mini agasajo del Domingo y con el estomago en llamas y el orto que ya me empezaba a pedir piedad en forma de gotitas de sangre, tome algo de medicina: un liquido espeso y rosado para bebes que trajimos de USA porsiaca las nenas caían presas de la sazón criolla, afro, nikei, chino-peruana, chino-nikei-afro, neo-gourmet, viejo gourmet, tradicional, nostálgica, selvática, urbano, urbano-selvática, aventurera, champera, experimental y serrana, nikei y del alto Perú, del bajo Perú, del profundo Perú y africana. O de la que solamente puede ser tildada de 'insalubre' y 'anti-higienica' que creo que es la que mas me gusta.

De veras, nunca salivó tanto como cuando camino por el centro entre toda esa gente que te empuja primero y se disculpa después, entre esos edificios que se caen por centímetros y cuyas fachadas están cubiertas de mugre y al lado de las vitrinas de las una vez casonas veo grandes bandejas que se rebalsan de arroz verde con arberjitas y pollo, de cebiche ultra ácido y medio mosqueado, de yucas fritas tan jugosas del aceite que las bolsitas de papel en el que te las dispensan están transparentes, de papas hervidas y peladas cubiertas de una salsa espesa y verde y de huevos duros cortados a la mitad con una aceituna encima para darle contraste. Y cuando todas estas delicias se muestran en un solo plato, salivó mas. Como un perro.

Muero por eso, desde chico siempre he muerto por eso. El centro era cosa brava por esa época y mi madre me decía, 'no vayas que asaltan' y 'para que vas allá si es feo?, mucho choro'.

Yo siempre le respondía que iba para comprar cassettes de los metaleros pero esa era media verdad. La otra verdad es que me gustaba el movimiento, la gente y los edificios. Esa era una ciudad muy diferente a la que yo conocía como mía; el suburbio. Me gustaba que había de todo, cuadras en las que lo único que habían era chinos, otras en las que uno que vendían eran mascotas, otras en las que solo encontrabas artesanías, otras llenas de galerías de ropa bamba y otras en las que solo vendían cosas robadas. En estas ultimas podías encontrar partes de avión.

Continuara...

2 comentarios:

Gerhard dijo...

Quiero ir ahí antes de morir. O mejor aún, iré a Perú para suicidarme comiendo hasta reventar Huacho,tamal, aji y rocoto en plan La Grande Bouffe. Sea lo que sea el huacho, tamal, ají y rocoto. Deberías escribir artículos para Lonely Planet, Ignacio.

Anónimo dijo...

Gerhrad,

Aji es el picante, asi se le dice en Peru y es un termino casi generico.
Huacho es un pueblo afuera de Lima donde producen una salchicha deliciosa, el tamal es esto:
http://menuperu.elcomercio.pe/recetas/tamales-de-maiz-2044

es 100 veces superior al tamal mejicano y el rocoto es un pimiento que a veces se prepara llenandolo con otras cosas menos saludables, este es el rocoto relleno:
http://perudelights.com/rocoto-relleno-fire-in-your-mouth/

saludos...